Estar saludable: última parada

Martes, 27 Octubre 2015 15:12 Escrito por 


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El terreno es plano y no exige una condición física para atletas. Sin embargo, por la distancia que se va a recorrer el grado de dificultad es intermedio.

Don Héctor tiene 67 años y se pensionó hace siete. Se siente orgulloso por haber dejado de trabajar porque ahora le queda tiempo libre para hacer otras cosas. No se aburre en la casa. Tres veces a la semana en la mañana se levanta, se viste, se cepilla, se lava la cara y sale a caminar. Los recorridos los hace cerca de su casa durante una hora y veinte minutos.

El cielo ha estado azul. Nubes blancas que van siendo empujadas por los vientos. Montañas llenas de un verdor resplandeciente. El celular muestra que la temperatura es de 28 grados y pronostica que llegará a 30. Vientos de nueve kilómetros por hora anuncia el artilugio tecnológico.

Han pasado dos horas y media desde que empezó la marcha. Los caminantes han atravesado seis túneles. El más largo, 177 pasos alcancé a contar, unos 70 metros mal contados. El túnel es absolutamente oscuro como si se pasara con los ojos cerrados, prácticamente a tientas, por intuición, solo sintiendo el aleteo y chillido de los murciélagos.

Luego del último túnel, unos metros más adelante el grupo se detiene a descansar. Una parada estratégica para recuperar fuerzas. No pudo ser en un mejor lugar. Una casa campesina vuelta negocio acondicionada con varias mesas ofrece a los caminantes un amplio menú: mazamorra, empanadas, papa rellena, patacón con hogao, carne, gaseosa, papitas fritas, tinto y agua para aquel que quiera apaciguar la sed que le ha dejado el arduo camino.

La marcha se reanuda sin mayores sobresaltos. Queda la mitad del recorrido, es decir, unas dos horas para llegar a Camilo C, otra de las antiguas estaciones del ferrocarril.

Hace más de 40 años, por esta misma vía pasaba el ferrocarril de Amagá, hoy transitan algunos autos, motos, mulas, caminantes y bicicletas. La ruta ha sido despojada de sus rieles, sin embargo, no deja de ser una buena oportunidad para recordar la importancia que en sus años dorados tuvo el ferrocarril, el cual se abrió paso en medio de una geografía tan agreste.

Don Héctor a estas alturas ha caminado no menos de cinco kilómetros acompañado en lo alto por ese sol que en campo abierto hace arder la piel. La temperatura se ha movido entre los 26 y 28 grados.

Con cada paso que da don Héctor los latidos de su corazón retumban dentro de su pecho. Es normal que el ritmo cardiaco aumente, que la sangre circule más rápido como si se tratara de un río en días de lluvia. Quizás él no sabe que todo esto pasa en su cuerpo cuando camina cada mañana. Caminar es una opción fácil, económica y amena para hacer ejercicio.

Después de cuatro horas y media, los caminantes llegan cansados y con sed al final del recorrido. Para muchos la ruta debió ser agotadora, en sus caras se refleja la fatiga pero el objetivo se ha cumplido. Una vez en Camilo C se hace un ejercicio de distensión muscular.

Aunque la caminata ha llegado a su final, ésta no es la última estación. Cada domingo la invitación es para seguir avanzando un poco en ese camino que solo nuestros pies pueden andar y que nos llevará a estar más saludables, esa será la última parada. Don Héctor está dispuesto a seguir, por eso sin dudarlo dijo que se apuntaría para las siguientes cuatro caminatas que recorrerán algunos senderos rurales cercanos a Medellín.

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