Estar saludable: última parada

Martes, 27 Octubre 2015 15:12 Escrito por 

caminatas1 Caminata Santa Elena - Octubre 2015

caminatas2Caminata Santa Elena - Octubre 2015


Es difícil no encomendarse a Dios cuando los pies están separados de suelo firme por más de 30 metros. Lo peor no es el profundo abismo. Lo más preocupante es pasar por encima de los maderos viejos que sostienen unos rieles y unas cuantas tablas tan gruesas como las de una cama.
Alrededor de 70 personas pasan uno a uno sobre el puente dando pasos cortos, lentos y sin despegar ni por un instante sus ojos de los pies. Los más arriesgados hacen un alto en la mitad de los rieles para fotografiarse y así inmortalizar su hazaña.

Este viaducto fue, en sus años de esplendor, parte del camino que recorría el ferrocarril de Amagá, en Antioquia, construido hace alrededor de 90 años.
Tres grupos de caminantes de las comunas Belén, El Poblado y Laureles que hacen parte del proyecto Comportamientos Saludables en Comunidad se le midieron a la aventura.

“Hoy la caminata es en Amagá”, les dijo Juan David Castañeda, coordinador de las caminatas, a las personas minutos antes de llegar al corregimiento de Palomos en el municipio de Fredonia al suroeste del departamento. En la antigua estación Palomos empezaría el recorrido.

Con todos los caminantes reunidos en el punto de encuentro, Juan Felipe Martínez, educador físico del proyecto y quien sería el guía en la ruta, dirigió una breve sesión de calentamiento: abrir las piernas a la anchura de los hombros; hacer pequeños círculos con la cadera; rotación de brazos, piernas y pies; preparar el cuerpo es una actividad imprescindible antes de iniciar cualquier actividad física.

Luego de diez minutos de estiramiento se dan las últimas indicaciones para tener en cuenta durante el recorrido: no arrojar basura; evitar arrancar matas, flores, vegetación; aplicarse bloqueador; no dejar a un compañero solo.

Llevar buena cantidad de agua para evitar deshidratarse es quizás la recomendación más importante. La ruta de Palomos hasta Camilo C será un recorrido de 11 kilómetros que en promedio durará entre tres horas y media o cuatro a un paso lento.

“Es la primera vez que hago una caminata de estas”, comenta don Héctor Muñoz a algunos de sus compañeros de travesía, mientras avanzan por un camino polvoriento por el que no hay rastros de lluvia en los últimos días. Él se ha preparado bien para la caminata, lleva lentes oscuros y gorra para protegerse del sol que ésta mañana, “no ha dado tregua”.

El terreno es plano y no exige una condición física para atletas. Sin embargo, por la distancia que se va a recorrer el grado de dificultad es intermedio.

Don Héctor tiene 67 años y se pensionó hace siete. Se siente orgulloso por haber dejado de trabajar porque ahora le queda tiempo libre para hacer otras cosas. No se aburre en la casa. Tres veces a la semana en la mañana se levanta, se viste, se cepilla, se lava la cara y sale a caminar. Los recorridos los hace cerca de su casa durante una hora y veinte minutos.

El cielo ha estado azul. Nubes blancas que van siendo empujadas por los vientos. Montañas llenas de un verdor resplandeciente. El celular muestra que la temperatura es de 28 grados y pronostica que llegará a 30. Vientos de nueve kilómetros por hora anuncia el artilugio tecnológico.

Han pasado dos horas y media desde que empezó la marcha. Los caminantes han atravesado seis túneles. El más largo, 177 pasos alcancé a contar, unos 70 metros mal contados. El túnel es absolutamente oscuro como si se pasara con los ojos cerrados, prácticamente a tientas, por intuición, solo sintiendo el aleteo y chillido de los murciélagos.

Luego del último túnel, unos metros más adelante el grupo se detiene a descansar. Una parada estratégica para recuperar fuerzas. No pudo ser en un mejor lugar. Una casa campesina vuelta negocio acondicionada con varias mesas ofrece a los caminantes un amplio menú: mazamorra, empanadas, papa rellena, patacón con hogao, carne, gaseosa, papitas fritas, tinto y agua para aquel que quiera apaciguar la sed que le ha dejado el arduo camino.

La marcha se reanuda sin mayores sobresaltos. Queda la mitad del recorrido, es decir, unas dos horas para llegar a Camilo C, otra de las antiguas estaciones del ferrocarril.

Hace más de 40 años, por esta misma vía pasaba el ferrocarril de Amagá, hoy transitan algunos autos, motos, mulas, caminantes y bicicletas. La ruta ha sido despojada de sus rieles, sin embargo, no deja de ser una buena oportunidad para recordar la importancia que en sus años dorados tuvo el ferrocarril, el cual se abrió paso en medio de una geografía tan agreste.

Don Héctor a estas alturas ha caminado no menos de cinco kilómetros acompañado en lo alto por ese sol que en campo abierto hace arder la piel. La temperatura se ha movido entre los 26 y 28 grados.

Con cada paso que da don Héctor los latidos de su corazón retumban dentro de su pecho. Es normal que el ritmo cardiaco aumente, que la sangre circule más rápido como si se tratara de un río en días de lluvia. Quizás él no sabe que todo esto pasa en su cuerpo cuando camina cada mañana. Caminar es una opción fácil, económica y amena para hacer ejercicio.

Después de cuatro horas y media, los caminantes llegan cansados y con sed al final del recorrido. Para muchos la ruta debió ser agotadora, en sus caras se refleja la fatiga pero el objetivo se ha cumplido. Una vez en Camilo C se hace un ejercicio de distensión muscular.

Aunque la caminata ha llegado a su final, ésta no es la última estación. Cada domingo la invitación es para seguir avanzando un poco en ese camino que solo nuestros pies pueden andar y que nos llevará a estar más saludables, esa será la última parada. Don Héctor está dispuesto a seguir, por eso sin dudarlo dijo que se apuntaría para las siguientes cuatro caminatas que recorrerán algunos senderos rurales cercanos a Medellín.

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