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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

Desarma tus palabras

Lunes, 27 Abril 2015 22:39 Escrito por 

desarma tus palabras

Considerando que la palabra también puede convertirse en un vehículo para la agresión y valorando la oportunidad de generar una reflexión ciudadana respecto a la importancia de desarmar nuestras palabras y reconciliarnos a partir de una conversación asertiva, vital en el uso de la palabra amorosa, Medellín se toma la palabra desarrolla la campaña “Desarma tus palabras”, que a partir de diferentes estrategias comunicacionales se propone plantear la reflexión y motivar a un cambio que empiece por nuestras palabras y conduzca a nuestras acciones y formas de relacionarnos con el otro.



Las palabras son el vehículo de lo que sentimos o pensamos, son una de las formas que tenemos de comunicarnos con nuestro entorno, de exponer al exterior lo que nace en nuestro ser, a la vez, crean o destruyen los vínculos sociales por su posibilidad de facilitar o no el entendimiento.

Nuestra forma de ver y relacionarnos con el mundo, está determinada por el lenguaje y a su vez, por las palabras, los gestos y actuaciones que componen ese lenguaje. No es gratuito que determinadas palabras que existen en un idioma sea imposible traducirlas a otro, en tanto las circunstancias en que se pronuncian están tan arraigadas a una emoción, manifestación o acción particular, del orden cultural por lo regular, que no existe en otro idioma forma de expresarla que la cobije completamente.

Uno de los casos conocidos es la palabra “saudade” del portugués, una sensación cercana a la melancolía, conjugada con la resignación, pero que no es recogida integralmente por ninguna de estas dos palabras del español. Ese sentimiento, que en portugués fue bautizado, en español no, al punto de que sea necesario utilizar el extranjerismo para referirse a él.

Si nos detenemos a pensar en nuestro entorno cultural antioqueño e incluso colombiano, la palabra se convierte con facilidad en un vehículo que transporta unos modos de relacionamiento asociados a la violencia. Quizá nuestro contexto social, cultural y hasta político, haya influido de tal forma en nuestras relaciones y así mismo en nuestro lenguaje, que la palabra se manifiesta armada.

Los refranes y otras expresiones populares, constituyen formas específicas a partir de las cuales los modos colectivos de comprender y valorar se manifiestan y se legitiman con su uso frecuente en la sociedad. No son solo palabras, con ellas, se movilizan imaginarios socialmente aceptados que refuerzan la discriminación, la violencia de género, la venganza, entre otras manifestaciones nocivas para nuestras relaciones humanas.


Al respecto, Anna M. Fernández Poncela, en su texto “Violencias de género: políticas, leyes y mujeres”, expone que:

“En los refranes y dichos populares se define lo que puede pensarse, decirse y hacerse en la cultura, formando parte de ésta, justifican y se encuentran a la vez legitimados, como los antiguos metarrelatos o la narrativa popular en general. La consideración de que es algo “normal”, la repetición de un mismo mensaje bajo diferentes formas o en la mismas y de manera reiterada, la espontaneidad y ligereza con que se externan, contribuyen a su objetivación, configuración como creencia verdadera, aunque de manera inconsciente, que penetra en la mente de las personas y se reproduce en los colectivos sociales”.
Disponible para su consulta aquí.

De esta manera y como ejemplo, cuando se dice “más dañado que agua de florero” para referirse a una persona, por lo regular un hombre homosexual, se está atribuyendo la característica de “dañado” a ese individuo, en tanto su elección sexual no corresponde a “lo normal”; es diferente.

Otra expresión común, especialmente en partidos de fútbol entre el público masculino, es “negro tenía que ser”, que se usa cuando una persona afro comete un error o hace algo que provoca el disgusto en el otro. Tal frase, ubica a los negros en una condición inferior, proclive a los errores, torpe.

Incluso, en las relaciones entre padres e hijos, también se utilizan expresiones que pueden tener repercusiones en el menor tales como “no llore que los ‘hombresitos’ no lloran”, las cuales imposibilitan al hombre a manifestar sus sentires y, aunque se esconden bajo la justificación de la valentía, revelan el machismo y el imaginario del hombre rígido, frio e insensible. 

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