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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

Panel: Democracia y derechos. Entre la crítica y la utopía

Jueves, 19 Noviembre 2015 16:30 Escrito por 

 

En el marco de la VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, CLACSO, el profesor Eduardo Domínguez Gómez, asesor académico de Medellín se toma la palbra, compartió esta reflexión sobre la conversación como el puente entre la democracia y los derechos. 

Por: Eduardo Domínguez Gómez, Natalia Echeverri y Andrés Marín

Medellín se toma la palabra: el tiempo de la conversación

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Buenos días, quiero empezar mi intervención con una corta historia.

Hace mucho tiempo en una antigua tribu, el rey Obatalá, ya estaba cansado de gobernar y creía que era tiempo de que alguien lo sucediera en el trono. Consultó con su pueblo y le dijeron que el más valiente era uno de los guerreros llamado Orula, y que era él quien debía sucederlo. Obatalá llamó a Orula y le puso una prueba. Le dijo: “necesito saber si estás verdaderamente preparado para gobernar a mi pueblo, voy a someterte a una prueba muy compleja. Vas a prepararme el plato más delicioso que conozcas”. Y a Orula, que había sido entrenado en las artes de la lucha y del combate cuerpo a cuerpo, le pareció un aprueba muy extraña, pero se fue al mercado, buscó entre todos los ingredientes algo que le pudiese gustar al rey, y en una esquina encontró una lengua de toro. La compró, la llevó a su casa, la preparó, la adobó y se la sirvió al rey, quien al probarla quedó muy complacido y le preguntó por qué la lengua era el plato más delicioso. Orula le dijo que era el plato más sabroso porque con la lengua se alababa el espíritu del guerrero, con la lengua se conquistaba el corazón de la mujer, con la lengua se alentaba el espíritu del pueblo y que con una lengua, con la palabra, se podía levantar una nación entera…

Y al rey le satisfizo la respuesta. Esta vez le pidió que preparara el plato más desagradable que él conociera. Orula no la pensó dos veces y fue al pueblo a comprar una lengua y preparó el mismo plato que ya había hecho para el rey; y cuando se la entregó, el rey muy confundido le dijo: “no entiendo, si este era el plato más delicioso, ahora ¿por qué me dices que es el más desagradable?” Y Orula respondió: “mi rey, es muy sencillo, porque con la lengua se maldice, con la lengua se envenena el alma, con la lengua se miente, se mata y con la palabra se puede hundir a una nación entera”. Recogido de la tradición oral de los yorubás por Ramón Guirao y Agustín Guerra. Provincia de La Habana.

Esta historia, en un espacio donde hablamos de democracia y derechos, no tiene otra intención diferente a recordar que nuestra sociedad reclama la conversación para su propia construcción, la conversación como derecho, y como deber para ampliar la democracia. Que a la vez, admite el disenso, la posibilidad de desencuentro. Pero la lógica de construir- desarmar - reconstruir es la esencia misma de la democracia.

¿Qué palabras están salpicando diariamente nuestras democracias? ¿Qué conversaciones cotidianas construyen o destruyen la democracia?
Medellín se toma la palabra, es un proyecto que nace de una alianza entre la Alcaldía de Medellín y Universidad de Antioquia y que a todas luces se sustenta en lo que el filósofo Guillermo Hoyos, a quien hoy ofrecemos homenaje, enarboló cuando propuso, sobre las bases de la ética comunicativa, promover el pensamiento crítico como posibilidad de lograr consensos, de priorizar los argumentos sobre las armas o la fuerza del poder. En últimas, construir una democracia deliberativa, siguiendo las recomendaciones de quienes, desde el Ramón Lull (Raimundo Lulio: 1232 – 1315) abrieron paso a la sociedad moderna, con su forma visionaria de defender la argumentación, la polémica, los modos de decir sin cordialidad. Larga trayectoria que encontrará en los filósofos de la Ilustración sus mejores defensores y que en el siglo XX toma cuerpo filosófico en la “Teoría de la Acción Comunicativa” de Jürgen Habermas (1929 -), y en la extensa obra “El Método” de Edgar Morin (1921- ).

En ese sentido, y en medio de una sociedad que viene perdiendo aceleradamente espacios para conversar o que instrumentaliza la conversación y la reduce al solo intercambio de códigos, un proyecto que como éste busca promover la conversación acerca de temas de interés público como la ética, la legalidad, la vida, la convivencia, la equidad y la ciudadanía no puede tener otro acento, sino en la comunicación, en la democracia y en la opinión pública, esferas todas abordadas por Hoyos y que nos llevarían a decir -sin temor al reparo- que una democracia deliberativa necesita, para consolidarse, de ciudadanos que reconocen la argumentación deliberativa, pero no como ese símil de pugilato o de cuadrilátero donde conversar es oponer argumentos y pelear por el mejor, sino donde las opiniones distintas se abrazan en el respeto que da el intercambio de esos argumentos, el reconocimiento del otro, y como diría Oscar Mejía Quintana al referirse a Guillermo Hoyos, donde se dialoga para no imponer las razones por la fuerza o por las balas.

Eso hace Medellín se toma la palabra: abrir, aprovechar, identificar, estimular espacios para el encuentro, para el intercambio de ideas y voces, para hacer la ciudad un espacio cada vez menos inhóspito de conversación.

¿Cómo lo hacemos?

Un comité asesor conformado por líderes de diferentes sectores seleccionan las temas sobre los cuales se considera oportuno que la ciudad converse y posteriormente basados en el modelo de “comunicación macrointencional” de Bernardo Toro, un grupo interdisciplinario de profesionales sigue el proceso de construcción social alternativo que deja de lado las formas tradicionales, para explorar por medio de la música, el baile, el teatro, la fotografía, entre otros lenguajes, un acercamiento más efectivo y movilizador de opiniones entre los ciudadanos.

 

 

En esa línea, el propósito firme de formar ciudadanos con pensamiento crítico, implica acercar temas de interés colectivo a la ciudadanía y generar espacios, donde las personas realicen un ejercicio de argumentación, compartan ideas y debatan posturas, enriqueciendo así su proceso cognitivo y promoviendo una activación de la cultura política, en escenarios cotidianos, con lenguajes comunes y voces diversas que permitirán la configuración de un ciudadano con criterio y el fortalecimiento de una cultura de la paz.

Así como existen en las bibliotecas los promotores de lectura, Medellín se toma la palabra propone los promotores de la conversación, líderes de diferentes sectores quienes reciben formación en técnicas para promover conversaciones y luego van a sus territorios a replicar dinámicas y procesos de manera autogestionada.

Hemos dialogado con empresarios, habitantes de calle, amas de casa, campesinos, comunidad educativa, comunidad carcelaria, jóvenes, niños, gremios… hemos visitado el territorio en búsqueda de debilitar los factores comportamentales de la cultura que sustentan la queja y el reclamo como bases de relacionamiento con el Estado y con el vecino, para proponer la deliberación y la confianza en el tratamiento público de lo que nos interesa como ciudadanos.
Proyección de video “Conversando nos entendemos” (4 minutos 17 segundos)
Pero también hemos entendido frente al incisivo cuestionamiento de una sociedad que poco sabe conversar, una sociedad de extremos, acostumbrada al grito o al silencio y que pregunta ¿Conversar para qué? Que la cualificación de la opinión pública es una necesidad en el ejercicio de la democracia, toda vez que incluye al ciudadano en la participación y amplía su comprensión de las dinámicas del territorio que habita.

Un ciudadano en medio de un remolino de rumores, prejuicios e informaciones que no le permiten más que consumirlas rápida y superficialmente, es un ciudadano en escenario poco fértil para la opinión pública. En este sentido, Medellín se toma la palabra propone escenarios para un ciudadano que se asuma como pensador crítico, como sujeto que cuenta con habilidades para el análisis, la interpretación, la inferencia, la explicación, la autorregulación y la evaluación de los asuntos públicos.

Si se entiende la conversación como el intercambio de ideas entre sujetos, buscando consensos o disensos que enriquezcan sus perspectivas de vida y su papel en la sociedad, se asume aquí la conversación como la base de la democracia. O mejor aún y en palabras de Germán Franco podría decirse que “la democracia es la conversación pública”. Expresar nuestras ideas y opiniones en escenarios de encuentro con otros ciudadanos, nos permite crear responsablemente las transformaciones que deseamos para la sociedad. Esto es, ser ciudadanos que aprendemos a conversar en un clima de confianza, donde usemos de forma inteligente la información y celebramos la pluralidad de miradas.

Medellín se toma la palabra es la búsqueda de los Odulas del reino que ven a la conversación -y aquí nos permitimos usar algunas expresiones de Carlos Vásquez, Vicerrector general de la Universidad de Antioquia, como “la esperanza de los brazos del otro en tiempos en que se nos augura la aventura de la paz”; porque sin curar a las palabras es imposible la paz, porque hay que darle tiempo y espacio a las palabras en nuestras ciudades cada vez con menos tiempos para ellas, en una sociedad que no las deja respirar, que las coloniza con violencia, que arma las conversaciones cotidianas.

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Medellín se toma la palabra es entonces, una apuesta por la democracia y los derechos, es una de las muchas maneras de relacionarnos para la consolidación de nuevas formas de ciudadanía a partir de la generación de escenarios para la deliberación y participación. No buscamos “la solución” porque no existe una. Estamos ante la posibilidad de inaugurar nuevos comportamientos y explicaciones que modifiquen la trayectoria y los argumentos para que la acción y la conciencia de todos nosotros contribuya a volver realidad el Estado Social de Derecho Participativo, para dar espacio a lo que la ética del discurso llamaría una comunicación celebrada en buenas condiciones. En las propias, las que permiten que a la manera de habitantes de Latinoamérica busquemos salidas y hallemos alternativas inaugurales.

Es posible un ciudadano con tiempo e interés para conversar, que resiste las dinámicas de una acelerada y mediatizada sociedad de la información, que reconoce la diferencia, que acepta el derecho y promueve el deber de participar. Es posible un conversador que construye democracias deliberativas… y por eso decimos con convicción que en el camino de la democracia y los derechos “La palabra tiene la palabra”.

¡Muchas gracias!

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