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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

Liberar las palabras

Lunes, 14 Diciembre 2015 15:59 Escrito por 

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“Un joven se sienta en cuclillas, aferra sus manos a las rejas azules –que apenas y le dejan espacio para meter un dedo entre cada resquicio– y fija su mirada en un pequeño cerro pelado, iluminado por el sol de la mañana. Su mirada, sentí, era el reflejo de la nostalgia por la libertad perdida”. Así describió en una de sus columnas el periodista Johnatan Clavijo la primera visita del equipo de Medellín se toma la palabra a la cárcel El Pedregal. 

El 8 de mayo de 2015 fue la primera sesión del taller para promover y dinamizar conversaciones que el proyecto ofreció para un grupo de la comunidad carcelaria. “Ese día noté que eran demasiado aconductados, estaban rígidos, tensos y era difícil entrar en confianza”, recuerda Ana Beatriz Gómez, líder del Componente de Grupos.


Por: María Paola Zuluaga

Después de pasar los estrictos controles de ingreso: registrarse, quitarse los zapatos, ponérselos, dejarse olfatear por los perros antinarcóticos, sellarse el brazo, sentarse en la silla que detecta metales y responder con asombro a la pregunta de un guardia: “¿llevan armas?”; los facilitadores del proyecto se encontraron de frente con la mirada de cuarenta rostros amables, ansiosos y expectantes.
Entre ellos había ingenieros, abogados, soldados, politólogos, técnicos y bachilleres. Todos eran líderes positivos de esa cárcel y habían sido seleccionados por el Inpec (Intituto Nacional Penitenciario y Carcelario) para participar de los talleres. Eso sí, la advertencia fue clara, la asistencia era voluntaria. El equipo tendría que asegurar el interés de los reclusos, porque ninguno estaba obligado a ir.

¿Cómo empezó todo?

A principios del 2015 los líderes de Medellín se toma la palabra se reunieron con el Comité Asesor, un equipo de expertos de distintas áreas del conocimiento que de manera voluntaria han asesorado al proyecto. En esa ocasión definieron los grupos formativos con los que el proyecto trabajaría durante el año, y que finalmente fueron: facilitadores (líderes sociales de distintos sectores), jóvenes, estudiantes UdeA, comunidad carcelaria y dos grupos de comunidad educativa.

Cuando se pensó en la población privada de la libertad surgió la propuesta de intervenir una cárcel femenina, pero el Inpec advirtió que esa comunidad tenía una sobreoferta de procesos formativos; en cambio la población masculina, a pesar de ser mayoritaria, tenía menos oferta. De ahí surgió la iniciativa de comenzar el proceso en la cárcel El Pedregal.

Los internos que integraron este primer grupo, capacitado en la promoción de la conversación, estaban aproximadamente entre los 25 y los 55 años de edad. Todos hacían parte del equipo de monitores, es decir quienes desempeñan roles formativos al interior de la cárcel o están en proceso para hacerlo.

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Un grupo emotivo

“¡Llegaron los camisa roja!”, exclamaban los internos cuando veían llegar al equipo de Medellín se toma la palabra. Ya entrados en confianza varios de ellos manifestaron que esperaban con ansias el día de los talleres para encontrarse con los compañeros de otros patios, a quienes no veían en otras oportunidades, y para compartir con los facilitadores, de quienes resaltaron la sonrisa, la buena disposición con que llegaban siempre y con la que realizaron cada una de las actividades.
Una de las actividades experienciales que más les gustó, según contó Yeimi Carranza, profesional en Ciencias Sociales que lideró el proceso, fue una que incluía fotografías de la ciudad. Se emocionaron mucho de ver esos lugares que hacía tiempos no veían, reconociéndolos y adivinando dónde estaban ubicados. Las imágenes que más les impactaron fueros las de la parte rural de Medellín. Ver el campo les puso a brillar los ojos a más de uno.

Estas fueron algunas apreciaciones que escribieron los participantes como parte de la evaluación del proceso:

- Me motiva y me hace pensar lo que voy a hacer cuando salga y hasta me da claves para convivir y vivir mejor como ciudadano.
- Nos hizo ver que todo, por más duro que sea, tiene solución y para llegar a ella lo primero es hablar.

- Pude expresarme libre y abiertamente. Es un programa con personas muy receptivas y empatía.

- Pese a que hoy soy para la sociedad un criminal deseo ser escuchado y que alguien que tenga la capacidad de escuchar le pueda dar sentido a lo que ahora puedo pensar.

- Como ser individual valgo en esta sociedad y mi opinión cuenta y puede ayudar a otros, así como yo también aprendo de otros.

-Mi condición de preso exacerba mi condición de ciudadano. En las cárceles se conoce el poder del estado sobre el individuo.

No fue gratuito entonces que después del segundo encuentro, un representante del Inpec en ese complejo carcelario se comunicara con el equipo de facilitadores para contarles que habían notado cambios en el comportamiento de los participantes del taller y en su forma de relacionarse con los otros, y que por eso solicitaban aumentar la frecuencia de las vistas. Desde entonces los encuentros pasaron de ser mensuales a realizarse cada veinte días.

Sentido social

La empatía de los internos por el proceso no era mayor a la que el equipo encargado sentían por este grupo. “Fue especial reconocer en ellos y en su situación a cualquiera de nosotros y saber que podíamos brindarles algo”, expresó Ana Beatriz Gómez.

Asimismo Yeimi Carranza se manifestó sorprendida con el proceso. “Me gustó mucho cuando dijeron que los talleres les habían servido para resignificarse como seres humanos”.

Durante el último encuentro del año, los 35 internos que siguieron asistiendo cumplidamente recibieron la certificación por parte de la Universidad de Antioquia como promotores de la conversación y una carta llamada ‘Palabras Libres’, editada por el equipo de Medellín se toma la palabra con los escritos de tres de ellos. Dentro del sobre venía una postal con una imagen rural de la ciudad que les recordó que afuera aún los esperaba un verde paisaje.

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