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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

Los límites del conocimiento

Domingo, 13 Diciembre 2015 17:21 Escrito por 

 
Por: Núlver Montes

Existe una conocida frase que dice “las personas ignorantes son más felices” y en un primer momento, podría sonar razonable. En ocasiones el saber o el conocer algo nuevo trae un sin sabor que conlleva a un desencanto. El conocer la manera en que se sacrifican los animales, que se convierten en la carne que comemos, nos llena de pudor; no en todos los casos, de un sentimiento de culpa al ingerir este tipo de alimento, sin embargo, algunos seguimos comiendo carne. De ahí la paradoja entre el conocimiento y la felicidad.

Imagen tomada de: https://jcqueipo.wordpress.com/2015/08/18/el-hombre-dificultad-calma-y-entendimiento/

 

Ahora, tomar como máxima la anterior frase sería ignorar los aspectos a favor del conocimiento, si bien existen ejemplos como el anterior que harían pensar que estar en un estado de ignorancia es el secreto de la felicidad, también tenemos la contraparte en donde el conocimiento condiciona el disfrute, es decir, para poder disfrutar la música no es necesario conocerla, pero me atrevo a asegurar, que el disfrute de un conocedor de esta arte y todo lo que la constituye como tal, tiene un nivel superior en comparación a quien solo la oye. Solo por medio del conocimiento podemos llegar al disfrute más sublime.

Es importante aclarar, que cuando hablo de conocimiento no hago referencia solo a la academia, porque de ser así, estaría deslegitimando el conocimiento que se adquiere desde el empirismo. Cuando hago alusión al concepto de conocimiento, hablo de la posibilidad de ahondar en un tema específico, sin importar el medio por el cual se hace.

Tenemos entonces que el conocimiento nos permite diferir en el disfrute, de hecho puede particularizarse según la experiencias de cada ser y tener diversos límites. Precisamente, sobre esos límites es que surge el contraste entre el conocimiento vil y ególatra que se adquiere como artilugio de vanagloria y el saber puro, que se busca por sed de magia, por la necesidad de entender el mundo que nos rodea.

«La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza».
Albert Einstein

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