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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

Palabras libres

Viernes, 18 Diciembre 2015 15:08 Escrito por 


Reflexiones del grupo de Monitores y formación de la Comunidad Carcelaria El Pedregal. Noviembre 2015. Medellín, Colombia.

Cada palabra es un universo en sí misma, no hay una igual a otra, no tiene una palabra el mismo sabor en cada boca. Ellas, que nacen libres, algunas veces nos hacen esclavos, nos capturan y aprisionan entre sus rejas, porque así como existen palabras para crear, para acariciar, para viajar por mundos extraordinarios, también las hay que aprendieron en nuestras lenguas a matar, a hacer daño, a desgarrar, a estrujar y a aturdir; pero lo que es aún más absurdo, es que algunas perdieron su sabor y su valor: gratitud, amor, felicidad, respeto, solidaridad, representan a muchas de las palabras que parecen ecos fantasmales que salpican discursos, consejos, periódicos, canciones y conversaciones cotidianas; palabras que están sin estar, que se dicen, pero no se sienten.

¿Dónde está aquel hablante que procura las palabras desarmadas? ¿Dónde puede encontrarse aquel que no esté contaminado por un mundo que solo habla de vanidad, de dinero, de angustia y de violencia? Se presienten las palabras libres y liberadoras, esas que nos permiten más allá de ser escuchados, ser incluidos. Las palabras que elegimos condicionan en buena medida la calidad de las relaciones que tenemos.

En el patio o el corredor de esta prisión puede habitar la palabra como verdad, como un pacto contraído y manifestado que genere confianza, credibilidad, hermandad…y tú puedes ser partícipe activo de esa nueva conversación que a la par irá cambiando la cara de un país, de una sociedad que no ve a sus presos, que los esconde, que les arrebata las palabras y les niega su existencia.
Las palabras para que bailen con el viento, deben decirse. No ser impuestas, deben ser garantes de inclusión, no de exclusión; son ellas la casa de la lealtad, la confianza y la felicidad, son ellas las que nos permiten sentirnos vivos en un mundo en el que hemos perdido derechos, para una sociedad que muchas veces solo nos arroja palabras de lástima, de juicio o de prejuicio.

Ya vienen esas deliciosas palabras que saben a esperanza, a perdón, a nueva oportunidad, esas que nos dan libertad porque permiten decir lo que pensamos y expresar lo que sentimos; palabras que liberan el amor por sí mismos y por los otros, que cantan, que sonríen, que se aventuran a decirse honestamente, que conviven siendo opuestas, que tienen tiempo para encontrarse con otras palabras, para hacer familia, para escuchar con calma, para batallar, pero no con violencia sino con el valor y con la suficiencia de argumentos, palabras para aprender a mirar desde un punto de vista diferente, palabras que no se las llevará el viento porque irán atadas con actos coherentes, palabras para el oportuno silencio, para edificar, para recordarnos que lo más simple de la vida es quizás lo más importante.

¡Tenemos una cita con las palabras!


 


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