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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

Las palabras viajaron a Montevideo

Lunes, 29 Febrero 2016 21:02 Escrito por 

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Medellín se toma la palabra viajó en la maleta de uno de los promotores de la conversación hasta la Escuela de Verano de la Universidad de la República en Uruguay. Andrés Felipe Marín, un joven investigador del Colegio Mayor, aprovechó este espacio para poner a los países invitados a intercambiar ideas con las metodologías del proyecto, que hace de cualquier espacio una sala de conversación.


Es líder por naturaleza, a sus 21 años participa en distintos procesos de ciudad, entre los cuales está el proyecto que promueve el diálogo y la participación ciudadana. Fue amor a primera vista, entró en sintonía de inmediato. Por lo mismo, se comprometió con el viaje a San Sebastián de Palmitas, donde buscó lugares para movilizar las ideas. Por lo mismo, y por iniciativa propia, empacó su kit de conversación apenas se enteró de que tenía un cupo en la Escuela de Verano en la Universidad de la República en Uruguay.

Lo importante era mostrar las metodologías a los universitarios de otros países, evidenciar los resultados por medio de una experiencia. De la misma manera como lo hace en las montañas de Palmitas, tendió su mantel y, en una sala improvisada frente al mar, generó una conversación.

“Medellín se toma la palabra ha significado una posibilidad de crecimiento, personal y profesional. Ha sido una invitación importante, no solamente a reconocer y valorar al otro desde sus orillas, desde sus pensamientos y desde sus ideas sino que también es una oportunidad de ser crítico, de ser reflexivo. La Escuela fue un espacio multicultural, lo vi más que pertinente (llevar el proyecto), por la posibilidad que teníamos de abordar diferentes formas de pensar, ideales, proyectos de vida. Efectivamente lo fue”, explica Andrés Felipe.

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Además del trabajo comunitario que hace calle y arriba y calle abajo por la ciudad, a este estudiante de octavo semestre de planeación y desarrollo social, de la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia, le queda tiempo para el semillero de investigación de su facultad llamado Ágora, donde se trabajan problemas sobre la pobreza y la ruralidad. Fue así como le llegó la invitación para participar en este evento académico en el país austral.

Cada año se realiza la Escuela de Verano. Este año las discusiones giraron en la investigación en psicología, en las articulaciones posibles entre lo cualitativo y lo cuantitativo. “Ahí se generaban diferentes debates, diferentes escenarios de discusión, que posibilitaban que los jóvenes investigadores que asistimos generáramos esa interlocución de lo que hacemos en cada uno de nuestros países, en la forma cómo investigamos”, cuenta.

Además de Colombia, de Brasil, Argentina, México, Chile, Perú, Puerto Rico y Paraguay despegaron los universitarios convocados a este encuentro. Los nueve colombianos llegaron de las universidades de Antioquia, CES, Minuto de Dios y del Colegio Mayor, que por su aporte en los últimos encuentros siguen en la lista de invitados. Esta séptima versión reunió a 60 estudiantes avanzados o recién egresados de Latinoamérica.

“Con cada una de las metodologías que pude utilizar, logré concretar la idea de que cada uno, en medio de sus contextos, de sus ideales, tenemos convergencias muy importantes, en temas como la importancia del papel de la mujer pero también de la vulneración, el cómo la población afro es vulnerada por medio de las mismas palabras, además de pensarnos la política como un escenario de transformación pero que ha dejado diferentes problemáticas sociales en cada uno de los países -detalla el promotor de la conversación- Indiscutiblemente, la pedagogía también permitió que fuera una interacción social importante, que compartiéramos muchas sonrisas, que fuera un escenario y un espacio fuera de lo académico pero sin perder ese rigor metodológico”. Lo más importante, parafraseándolo, fue dejar la importancia de la palabra como ente de transformación social.

Dejar la semilla

Dejar la conversación instalada es, precisamente, el reto del proyecto, que se multiplique, que se viralice. “Medellín se toma la palabra está pensado para que la ciudad converse, para que, a partir de esa conversación, encuentren la posibilidad de mirarse a los ojos, de escucharse, de soñar una ciudad diferente, de cuestionarse también sobre ese papel del ciudadano que cada uno de nosotros tiene en esa construcción –esta es la definición del proyecto en palabras de la comunicadora y docente Mónica Muriel, profesional del Parque de la Vida- Donde sea pues la conversación el vehículo para la generación de soluciones, de propuestas, pero también la conversación como ese acto cotidiano y natural a partir del cual todos podemos generar muchas transformaciones”. Así que lo que se quiere es conversar para propiciar los pequeños cambios que suman.

Al finalizar el 2015, el proyecto contaba ocho grupos de promotores de la conversación, con alrededor de 300 personas, de las cuales 171 fueron certificadas en noviembre. Sus salas de conversación: el Centro de la ciudad, universidades, corregimientos y grupos de mujeres, de adultos mayores, de scouts, de jóvenes, de niños y hasta clubes de motociclistas, cualquier lugar puede ser un ágora. Andrés Felipe es parte de esta red de multiplicadores del mensaje, que poco a poco van dejando la conversación instalada por Latinoamérica.

Carta de un promotor de la conversación desde Uruguay

Hoy es más que un placer poder llevar esta maravillosa experiencia de ciudad a otras orillas, lugares y realidades que la reciben con el mayor cariño, reconocimiento y gratitud. Puedo decir, con orgullo, que gracias a esta iniciativa pude dejar en la consciencia de un grupo de jóvenes latinoamericanos una serie de preguntas, reflexiones y, sobre todo, una invitación que trasciende en la idea de poder reconocer y llevar a la práctica cada una de las experiencias, apuestas y sueños que se tejen desde las diversas realidades.

Hacer parte de esta Escuela de Verano y ser un vocero de buenas palabras, de la invitación a la pregunta, de lo fundamental de desarmar las palabras y dotar de sentido cada argumento, posibilitó seguir soñando, pensando e imaginando que Medellín se toma la palabra no es un propuesta de ciudad, es por el contrario una apuesta de vida, una forma política, real y dotada de sentido para ejercer la ciudadanía con corresponsabilidad, para hacer de la equidad un pilar en cada lugar por el que transitemos, para llevar un mensaje de vida a todos aquellos que han perdido credibilidad en la misma, para hacer de la legalidad una señal de que el mundo puede ser diferente y que, por ende, nuestros comportamientos estarán cargados de ética.

El mensaje más importante que me queda para enviarles es que yo creo profundamente, no sólo en Medellín se toma la palabra, si no que creo en su gente, en ese colectivo de bellos seres humanos, que hoy desafían la ciudad con actos de transparencia, de importancia y corresponsabilidad con cada uno de los actores de la construcción y transformación de ciudad.

Andrés Felipe Marín.

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