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  • Proyecto: Medellín se toma la palabra

“Ser lideresa es mi sueño cumplido”

Jueves, 15 Diciembre 2016 22:31 Escrito por 

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Maria Ofelia Camargo es una mujer convencida de que nació para el liderazgo. Ella hace parte de los líderes que este año participaron del proceso formativo de Medellín se toma la palabra para ser promotores de la conversación ciudadana y aportarle a la construcción de paz en los territorios.


Por: Maria Paola Zuluaga B.

Maria Ofelia Camargo es una mujer convencida de que nació para el liderazgo. Sea en Bogotá o en Medellín, con las hermanas de la caridad o con los líderes de Robledo, ayudando a niños o a prostitutas, como ama de casa o como operaria de confecciones. El caso es que ella es una lideresa, así su familia no esté de acuerdo.

Contextura gruesa, carácter fuerte y sonrisa dulce. Ama lo que hace y le brillan los ojos cuando habla del trabajo comunitario. “Yo soy líder desde que me conozco. Si alguien no hacía la tarea en el colegio yo se la ayudaba hacer, si alguien se caía yo era la primera que corría… y así. Me ha tocado rebelármele a mi esposo para seguir con esto, pero él ya ha entendido”.

Ella hace parte de los líderes y lideresas que este año participaron del proceso formativo de Medellín se toma la palabra para ser promotores de la conversación ciudadana y aportarle a la construcción de paz en los territorios.

Maria Ofelia coordina el grupo de adultas mayores El Danubio, de Romeral Villa Sofía, Comuna 7. Tiene a su cargo 77 “niñas”, como les dice ella. Es la responsable de que lunes, martes y jueves estas abuelas se olviden una hora y media de sus preocupaciones, sus hijos, sus nietos y se dediquen a disfrutar la vida.
Por eso gestiona con Presupuesto Participativo clases de gimnasia, danza folclórica, manualidades, charlas motivacionales y los clásicos bingos, en los que ellas se dedican a conversar y a reírse.

Una mamá dedicada a los demás

Maria Ofelia dice que lo que aprende en Medellín se toma la palabra lo aplica muy bien con las abuelas de El Danubio, intentando que las conversaciones sean cada vez más amables, que todas sepan decirse las cosas con sinceridad y sin ofenderse, pero sobre todo que reconozcan la importancia de integrarse y de hablar con otras mujeres.

Sin embargo, su reto está en conversar con su familia. “No es tan fácil. Ellos son muy diferentes a mí, tienen otro proceso. Son más reservados”. Sus tres hijos son profesionales y esto la hace sentirse orgullosa, pero ella no logra que entiendan por qué le dedica tanto tiempo a la gente. Por eso en la mesa del comedor, dice ella, “Ofelia es la señora de la casa, sin hablar de política, pero queriendo compartir algo con ellos”.

La historia de una mujer que nació lideresa

Maria Ofelia se escapó de su casa en Aranjuez a los 15 años con el que todavía hoy es su esposo. Había tenido una niñez difícil, pero ya hacía parte de los grupos juveniles de su barrio. “Recogíamos mercados y ropa con el cura y los llevábamos a El Bosque donde en ese entonces vivía gente más pobre”.

La joven pareja se fue de huida para Bogotá. Allí vivió Maria Ofelia durante 22 años. Trabajó con las Hermanas Adoratrices que hacen servicio social con los habitantes de calle y las prostitutas. 

En 1998 regresó a Medellín con sus hijos. A su esposo no le había sonado la idea de que fuera representante de una Junta Administradora Local en Bogotá. Entonces, indignada, tomó sus maletas, sus hijos y se vino para Medellín a trabajar como operaria en una empresa de confecciones.

Allí se sumó al fondo de empleados y se dio a la tarea de trabajar para que sus compañeras, que llevaban quince y o veinte trabajando, pudieran tener al fin su casa propia. Conocía las políticas del gobierno de turno sobre vivienda social y las orientó para que “se hicieran a su casita en Pachelly, Machado o en Pajarito”.

Su esposo había regresado de Bogotá y se había integrado a la familia. Maria Ofelia sacaba tiempo para recrear a los niños del barrio, “enseñarles a hacer manualidades, a pintar, correr, reír, gritar, saber exponer y que le perdieran el miedo a hablar”.

A los cincuenta años María Ofelia terminó de pagar su casa, se salió de la empresa y “me dediqué a mi liderazgo, a lo que Dios me había mandado, a mi sueño cumplido”.

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