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LGBTI, la sigla del siglo

Jueves, 24 Noviembre 2016 22:25 Escrito por 

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Por: Claudia Marcela Arango Bedoya - Estudiante de Comunicación Social, UNAD

Vivimos en un país donde el cristianismo tiene el poder moral. Nos desenvolvemos en una sociedad donde la falta de educación e información y la discriminación por tener pensamientos y estilos de vida diferente han llegado a cobrar vidas por factores asociados a la intolerancia y la no aceptación de la diferencia, que durante años apenas se nota en una sociedad moralista y cerrada .


Que nadie te vea

“No te vistas así. No te comportes de esa manera. Habla más neutro”. Estas son, entre otras, frases que poco a poco han ido desapareciendo de las conversaciones cotidianas gracias a la lucha y el sacrificio de muchos y muchas que batallan por sobrevivir en un país a veces cruel por una condición que los discrimina, los excluye, los violenta y hasta les cobra para que paguen con su vida lo que en otras palabras es simple intolerancia.

Lo que los miembros de la Población LGBTI han pretendido durante varias décadas no es la mera aceptación de su condición, sino libertad de expresión, libertad para ser, libertad para hacer y especialmente su inclusión en la sociedad.

Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgeneristas e Intersexaules, viven en medio de una lucha incansable con ellos mismos; riñendo contra la inserción en la norma que pareciera no tener límites, inclusive por parte de sus progenitores que, en algunos casos, quisieran tenerlos encerrados en un closet por vergüenza al qué dirán, mismos que tienen su moral encerrada en una doble actitud obviamente avalada por la sociedad moralista que infunde miedo, razón por la cual algunos de estos seres humanos, iguales a nosotros, pero con una forma de amar diferente, se han visto obligados desde niños a ocultar que le gustan las mujeres en lugar de los hombres; que les atrae más una muñeca que un carrito. Y otros, que a escondidas realizan su sueño de vestir su cuerpo como el de una mujer o en el caso contrario, donde los vestidos rosa y los tacones nunca han sido sus prendas favoritas.

Un botón para la muestra

Valeska, un chico trans, manifiesta que hubo ocasiones en las que llegó a pensar que “Dios se equivocó, porque envió a mi vida a un padrastro heterosexual abusivo, maltratador y asesino de sueños, que estuvo respaldado por mi madre, quien casi siempre avalaba esos maltratos; ella muchas veces llegó a contemplar la posibilidad de abandonarme a mí, que soy su hijo, solo porque yo anhelaba vivir la vida, mi vida”. Y añade, “para el resto de las personas esto sería lo normal, porque ese es el precepto, pero a mí nadie me saca de la cabeza que es la sociedad moralista la que necesita atención”.

La comunidad LGTBI no busca un protagonismo, ese lo llevan por dentro desde el mismo instante en que decidieron dar la pelea enfrentándose al mundo para salir y gritar a los cuatro vientos “Yo soy sexualmente diverso. Yo Soy LGBTI”. Ahora, lo que ellos buscan es que entendamos que todos los seres humanos “somos diferentes, pero iguales” y que tenemos los mismos derechos.

Centro de la Diversidad Sexual y de Género

Gracias al derecho a ser diferente y a la evolución de pensamiento del ser humano, ya existen muchos sitios en el mundo donde la comunidad LGBTI puede mostrarse como realmente es.

Uno de esos lugares está en Medellín y lo encontramos en la Comuna 10; se trata del Centro de la Diversidad Sexual y de Género, un punto de convergencia creado para la comunidad LGBTI donde ellos pueden ser y no parecer; un espacio que ha sido creado gracias a la Política Pública para el reconocimiento de la diversidad sexual e identidad de género; un lugar donde se respeta la diversidad y los derechos toman forma a través del Acuerdo 08 de 2011.

Un espacio donde por fin la población es escuchada, incluida, atendida, y sobre todo respetada. Allí no hay lugar a la discriminación por orientación sexual e identidad de género. En el Centro de la Diversidad se respira igualdad, se promueve la inclusión social y se trabaja por el empoderamiento y el reconocimiento de la población LGBTI.

Este Centro es un espacio que mantiene, defiende y legitima los derechos de la población LGBTI y es el lugar desde donde se levanta la cara para contar que en Medellín, la ciudad de la eterna primavera, con aire olor a café y las verdes montañas, se ha trabajado y se seguirá trabajando para fortalecerler su condición de vida, promover su inclusión social, empoderamiento y reconocimiento.

Si usted quiere vivir la experiencia de un espacio donde no existe la discriminación por orientación sexual e identidad de género, diríjase a la Cra 43 N° 57-21, sector Villa Nueva, hay lugar para todos, porque desde el Centro de la Diversidad Sexual y de Género se trabaja para deconstruir imaginarios que marginan, excluyen y violentan a la población LGBTI.

Es satisfactorio ver que la comunidad LGTB puede alzar la mirada y decir “Yo soy diversidad”, yo tengo derecho a vivir como un individuo igual, yo veo la vida de muchos colores.

¡Yo también soy diversidad, y me gusta cuando nuestra comunidad LGBTI, sueña, vive y progresa!

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